La deuda pública española continúa creciendo bajo el Gobierno de Pedro Sánchez y deja una factura cada vez más pesada para los ciudadanos. Según el análisis publicado por Libre Mercado, a partir de los datos mensuales del Banco de España, el endeudamiento aumentó en otros 5.618 millones de euros en agosto, hasta situarse en el 99,7% del PIB. Un nuevo incremento que desmonta, según el economista José María Rotellar, cualquier interpretación triunfalista sobre la evolución de las cuentas públicas.
El dato más contundente es el que afecta directamente a los españoles: la deuda por habitante ha aumentado en 11.892 euros desde la llegada de Sánchez a La Moncloa, hace más de siete años y medio. Una carga que no aparece necesariamente en la factura mensual de los hogares, pero que compromete los recursos públicos de los próximos años y condiciona la capacidad del Estado para financiar servicios esenciales.
El volumen total de deuda ronda ya los 1,75 billones de euros y se aproxima peligrosamente a los 1,8 billones. Desde que Sánchez gobierna, el incremento acumulado alcanza los 592.248 millones de euros, de acuerdo con las cifras recogidas en el análisis de Rotellar.
Casi 200 millones más de deuda cada día
Las cifras permiten dimensionar la magnitud del problema. Según los cálculos del experto, el endeudamiento ha aumentado a un ritmo medio de unos 196,5 millones de euros diarios desde el inicio del mandato socialista. Eso equivale a más de 8 millones por hora y aproximadamente 136.458 euros por minuto.
Mientras millones de trabajadores acuden cada mañana a sus puestos de trabajo, pagan impuestos y tratan de llegar a fin de mes, las obligaciones financieras del Estado siguen aumentando. Y la factura no desaparece: deberá afrontarse mediante futuros ingresos públicos, refinanciaciones o nuevas emisiones de deuda.
Rotellar advierte, además, de que la aparente mejora de algunos indicadores puede ocultar la realidad. La relación entre deuda y PIB puede reducirse por el crecimiento nominal de la economía, impulsado también por la inflación o por revisiones estadísticas, sin que eso signifique que España esté amortizando efectivamente su endeudamiento.
De hecho, el experto sostiene que, sin la revisión extraordinaria del PIB realizada por el INE, la ratio de deuda alcanzaría el 104,3%, frente al porcentaje oficial recogido en su análisis.
Más gasto, más déficit y menos margen para los ciudadanos
El problema de fondo, según Rotellar, es un modelo económico que mantiene un elevado gasto público y un déficit estructural cercano al 4% del PIB. La recaudación adicional que obtiene el Estado por la subida de los precios no estaría sirviendo para sanear las cuentas, sino que se destinaría en buena medida a financiar nuevos desembolsos.
A ello se suma el riesgo de que unos tipos de interés más elevados encarezcan progresivamente la financiación de la deuda. El pago de intereses podría absorber recursos que, de otro modo, se dedicarían a sanidad, educación, infraestructuras u otras necesidades de los ciudadanos.
El economista también alerta del efecto que un sector público expansivo puede ejercer sobre la inversión privada, un elemento fundamental para generar productividad, empleo y crecimiento sostenible. Mientras tanto, reclama reducir el gasto ineficiente, impulsar la inversión productiva y devolver a los contribuyentes parte de la recaudación extraordinaria mediante rebajas fiscales y la deflactación del IRPF.
La conclusión es un serio aviso para la política económica del Gobierno: España no puede sostener indefinidamente su crecimiento sobre una montaña de deuda. Cada nuevo déficit aplaza el ajuste y traslada parte del coste a los contribuyentes del futuro. Con el endeudamiento cerca de máximos históricos, la cuestión ya no es únicamente cuánto debe el Estado, sino quién terminará pagando una factura que no deja de crecer.























