Red Eléctrica ha tenido que pedir auxilio a las grandes industrias españolas por sexta vez en menos de dos meses para evitar que el sistema eléctrico nacional entre en tensión crítica. El pasado 4 de septiembre, el operador activó su Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), movilizando 832 megavatios durante casi dos horas. La repetición de estos episodios confirma que la fragilidad de la red no es un hecho puntual, sino una tendencia que se agrava semana tras semana.
Seis llamadas de auxilio en menos de dos meses
La última activación del SRAD, registrada el 4 de septiembre, es la sexta desde mediados de julio. El calendario habla por sí solo: dos activaciones consecutivas el 15 de julio, una nueva el 22 de julio, y otras dos el 11 y el 20 de agosto. En apenas ocho semanas, Red Eléctrica ha tenido que recurrir en seis ocasiones a las grandes industrias para que reduzcan de forma temporal su consumo y así aliviar la presión sobre el sistema.
832 megavatios y casi 1.632 MWh movilizados en menos de dos horas
En la última activación, el operador movilizó 832 MW de potencia y gestionó 1.631,6 MWh de energía en un lapso de aproximadamente dos horas. Las empresas que participan en el mecanismo reciben una compensación de alrededor de 185 euros por MWh, además de una tarifa por estar disponibles, un coste que en última instancia repercute en el conjunto del sistema eléctrico.
Menos viento, problemas térmicos y menos ayuda de Francia
Red Eléctrica atribuye la tensión del sistema a una combinación de factores: una generación eólica muy por debajo de lo previsto, problemas inesperados en varias centrales térmicas y una reducción del intercambio eléctrico con Francia por congestión en la interconexión. A esto se suma que el reactor nuclear Ascó I permanecía fuera de servicio por una avería en una válvula, aunque esta circunstancia se produjo unas doce horas antes de la activación del SRAD.
Un mecanismo de emergencia que se ha convertido en rutina
El SRAD, operativo desde 2022, permite a Red Eléctrica solicitar la colaboración de la industria con apenas 12,5 minutos de aviso. Nació como una herramienta excepcional para momentos puntuales de estrés en la red, pero la frecuencia con la que se ha activado en las últimas semanas plantea una pregunta incómoda: si el sistema necesita recurrir a la industria cada diez días de media, ¿está preparado realmente para sostener el ritmo de la transición energética que se ha impuesto desde el Gobierno?
Esta inestabilidad energética no es un fenómeno aislado. Se suma a otras señales de tensión que atraviesan la economía española, como la escalada del interés que paga el Tesoro en las letras a doce meses, que ya roza máximos de dos años y refleja la desconfianza creciente de los mercados.
La factura de una transición sin red de respaldo suficiente
El patrón que dibujan estas seis activaciones en menos de dos meses no es casualidad. España ha apostado con fuerza por la generación renovable, pero la capacidad de respaldo —térmica, nuclear o de interconexión con el resto de Europa— no avanza al mismo ritmo. Cuando el viento no sopla lo suficiente o una central se avería, el sistema depende de que la industria frene su producción para no colapsar, un parche que tiene un coste económico real y que traslada la responsabilidad de la planificación energética a las empresas en lugar de a quienes diseñan la política eléctrica del país.
Mientras el Ejecutivo presume de récords de generación renovable, la realidad de las últimas semanas demuestra que la solidez del sistema eléctrico español todavía depende de apagar fuegos con la colaboración forzosa de la industria, una solución de emergencia que se ha convertido, en la práctica, en la norma.






















